En la gestión de flotas, la eficiencia operativa no solo es una ventaja competitiva, es la clave para aumentar tu rentabilidad. Aunque el precio del combustible puede variar por diversos factores, el consumo energético sí puede gestionarse con decisiones sustentadas.
Uno de los costos más relevantes y, a su vez, de los menos visibles, es la resistencia al rodamiento. Entender su impacto es el primer paso para recuperar la eficiencia que hoy se está perdiendo debido al calor.
La resistencia al rodamiento es la energía que se pierde cada vez que la llanta se deforma y recupera su forma al girar. Esa pérdida se traduce en un mayor esfuerzo del motor y, por lo tanto, en un mayor consumo de combustible. A velocidades cercanas a 90 km/h, puede representar alrededor del 13% del consumo total de energía de la operación.
En rutas donde no se requiere máxima tracción, optar por un diseño de costillas como el de la llanta FS591, ayuda a reducir la deformación al rodar. El resultado es menor resistencia al rodamiento y uso más eficiente del combustible en cada kilómetro.
La tecnología de la llanta es clave para disminuir la resistencia al rodamiento, pero el desempeño real también depende de la operación diaria:
La resistencia al rodamiento es un factor clave dentro del costo operativo. Aunque no puede eliminarse, sí puede optimizarse mediante una estrategia integral que combine tecnología, mantenimiento y buenas prácticas operativas.